En las semanas siguientes a los terremotos en Colombia y Venezuela, FAU LAC recibió más de 50 solicitudes de Apoyos de Respuesta Rápida, que representan al menos USD 540.000 en recursos solicitados por movimientos y organizaciones que ya están respondiendo desde los territorios. Las solicitudes siguen llegando y las necesidades continuarán creciendo durante los próximos meses. Por eso, necesitamos movilizar al menos USD 1 millón para sostener y ampliar esta respuesta.
Pocos días después de los terremotos, un espacio destinado habitualmente al trabajo colectivo ya alojaba a 18 familias que habían perdido sus casas. Había que conseguir lugares donde dormir, mantener la electricidad y las comunicaciones, organizar traslados y sostener a las personas que llevaban días respondiendo mientras atravesaban también el miedo, las réplicas y sus propias pérdidas. Cuando la solicitud llegó a FAU LAC, la respuesta ya estaba en marcha; hacían falta recursos para sostenerla.
En una emergencia, el tiempo importa, pero también importa quién decide cómo responder y cómo utilizar los recursos. Las organizaciones conocen sus territorios, saben qué necesitan las comunidades con las que trabajan y pueden identificar prioridades que cambian de un día a otro. Por eso, la respuesta humanitaria que proponen en sus solicitudes parte de su experiencia situada y pone en el centro la vida, el cuidado y la seguridad integral de mujeres, personas LGBTIQ+ y comunidades en mayor situación de riesgo. La protección física, emocional, comunitaria y jurídica están conectadas y forman parte de un mismo proceso de cuidado.
Esta forma de responder está vinculada con el origen mismo de los Fondos de Acción Urgente, creados para acompañar a activistas y movimientos frente a amenazas y oportunidades que requieren actuar con rapidez. Nuestro modelo combina esa respuesta rápida con una forma de acompañar que reconoce el conocimiento y la autonomía de los movimientos. El cuidado colectivo es parte de esta apuesta política: sostener los activismos implica cuidar a quienes los hacen posibles y crear condiciones para que puedan continuar su trabajo en el tiempo. Los recursos, entonces, pueden atender necesidades de las comunidades y, al mismo tiempo, cubrir alimentación, descanso, atención psicológica, espacios de cuidado y otras formas de sostener a quienes están respondiendo.
La misma mirada orienta otras dimensiones de nuestro trabajo. Movilizamos recursos flexibles, creamos espacios de encuentro e intercambio donde los movimientos comparten conocimientos y estrategias, e incidimos en la filantropía para cambiar las prácticas de financiamiento: cómo se toman las decisiones, qué se financia, quiénes participan y de qué manera llegan los recursos.
Cuando hablamos de movimientos, nos referimos a organizaciones y redes sociales, feministas, indígenas, afrodescendientes, campesinas, ambientales, LGBTIQNB+, de personas con discapacidad y de defensa de los territorios y los derechos humanos, entre muchas otras formas de organización colectiva presentes en América Latina y el Caribe. En FAU LAC, partimos de que quienes conocen y habitan sus contextos deben poder definir sus prioridades, mientras las prácticas de financiamiento necesitan responder a sus tiempos y decisiones.
Las respuestas a los terremotos en Colombia y Venezuela permiten ver cómo estas distintas dimensiones se encuentran en la práctica. Las solicitudes de Apoyos de Respuesta Rápida (ARRs) que nos han llegado hasta ahora incluyen recursos para comprar alimentos, agua, medicamentos y productos de aseo; habilitar alojamientos; reparar viviendas y espacios comunitarios; recuperar electricidad y conectividad, y ofrecer atención médica y psicológica. También contemplan transporte, honorarios, medidas de protección y otros gastos que permiten a las organizaciones seguir trabajando mientras las necesidades y las condiciones en los territorios cambian.
En algunos casos, los grupos comenzaron a responder con sus propios fondos, pagando comida, medicamentos o alojamiento temporal antes de contar con recursos externos. En otros, activistas recopilaron información sobre personas desaparecidas y organizaron la distribución de productos de gestión menstrual y aseo personal, necesidades que suelen recibir menos atención durante los primeros días. Con el apoyo recibido también pudieron incorporar orientación en salud, primeros auxilios psicológicos y espacios de cuidado para mujeres, niñas y personas trans. Varias de las personas que sostenían estas respuestas lo hacían mientras enfrentaban daños en sus propias viviendas.
Esa realidad explica por qué el financiamiento rápido y flexible puede sostener un trabajo que ya existe y acompañarlo a medida que cambian las prioridades. Durante los primeros días puede ser urgente garantizar comida, alojamiento o atención médica; semanas después, quizá sea necesario reparar un espacio, restablecer una fuente de ingresos o acompañar a personas que atraviesan un duelo. Quienes están en los territorios pueden identificar esos cambios y tomar decisiones a medida que ocurren; los recursos necesitan moverse con ellas.
Un terremoto ocurre en un momento, pero las desigualdades vienen de antes
En la investigación Estrategias de entrega de recursos en una era de permacrisis, encargada por el Consorcio de Fondos de Acción Urgente (del que somos parte) hablamos de las crisis como un continuo. Los momentos que solemos reconocer como una crisis están arraigados en procesos de largo plazo que crean condiciones de precariedad y agravan desigualdades que ya existían.
En Colombia, el terremoto llegó a territorios que ya enfrentaban pobreza, racismo, las consecuencias del conflicto armado y una presencia estatal insuficiente. Hay personas que han vivido desplazamientos y pérdidas anteriores y que ahora vuelven a perder una vivienda o su forma de ganarse la vida. También hay personas trans y no binarias para quienes acceder a espacios de ayuda puede implicar discriminación o violencia.
En Venezuela, la emergencia ocurre en un contexto donde activistas feministas y LGBTIQ+ ya enfrentaban amenazas y restricciones a su trabajo. Entre las necesidades que estamos financiando aparecen medidas de protección, acompañamiento legal y psicológico y seguridad física y digital, además de atención médica, alojamiento e insumos necesarios después del terremoto.
La investigación del Consorcio cuestiona los modelos de financiamiento concentrados en el momento más visible de una emergencia. Los ciclos cortos de recursos pueden dejar a los movimientos respondiendo permanentemente al presente, mientras las causas y las consecuencias de las crisis se extienden durante años. Por eso plantea la necesidad de financiar de manera flexible y sostenida las redes y condicioness que permiten a los movimientos sobrevivir, protegerse, cuidar, organizarse y seguir actuando.
Poner los recursos directamente en manos de los movimientos
Las relaciones de confianza, el conocimiento del contexto y las formas de organización que permiten responder se han construido durante años. La investigación de los Fondos de Acción Urgente habla de redes de supervivencia, protección, cuidado, comunicación y solidaridad que los movimientos sostienen cotidianamente y que adquieren otra visibilidad durante una crisis.
El financiamiento directo reconoce ese conocimiento al mantener las decisiones sobre los recursos cerca de quienes los van a utilizar. Los encuentros e intercambios permiten poner en común aprendizajes y estrategias, y nuestra incidencia en la filantropía lleva esas experiencias a espacios donde se toman decisiones sobre el financiamiento. Lo que los movimientos están aprendiendo al responder a estas crisis también plantea preguntas sobre qué se financia, durante cuánto tiempo, con qué condiciones y quién tiene poder para decidir sobre el dinero.
Hoy tenemos más de 50 solicitudes que representan al menos USD 540.000 y sabemos que la demanda seguirá creciendo. Nuestra meta es movilizar al menos USD 1 millón para que más movimientos puedan contar con recursos cuando los necesitan y para acompañar las necesidades que surgirán durante los próximos meses.
Estos recursos permitirán sostener respuestas que ya están ocurriendo en Colombia y Venezuela y acompañar lo que viene después: reconstruir viviendas y espacios colectivos, recuperar fuentes de ingresos, sostener redes de cuidado, fortalecer medidas de protección y acompañar a comunidades y activistas durante procesos que se extenderán mucho más allá de las primeras semanas.
Movilizar USD 1 millón significa poner recursos directamente en manos de quienes conocen sus territorios, ya están organizando respuestas y necesitan condiciones para sostenerlas aún después de los desastres. También significa que FAU LAC pueda seguir respondiendo a nuevas solicitudes a medida que lleguen y acompañar a los movimientos durante los meses que vienen.










